22 mayo 2008

Impossible is nothing

En el transcurso de un viaje siempre pueden surgir imprevistos que, en el mejor de los casos, trastocan los planes iniciales: extravío de maletas, retrasos, temporales, enfermedades, lesiones, ... pero la peor manera de empezar un viaje, tactos rectales aparte, es precisamente, no empezarlo, por la pérdida del vuelo.

Para nuestro último viaje cogíamos un vuelo que salía de Zaragoza. 2 horas antes de la salida del vuelo ya estábamos en el aeropuerto y después de desayunar algo fuimos a facturar las maletas. Todo iba bien hasta que entregamos nuestros DNIs y nos dijeron que había uno caducado y que, a falta de pasaporte, esa persona no podía viajar (el carnet de conducir no valía). "Esto no está pasando".

Pensamos que alguna solución habría, que harían la vista gorda, que se dejarían sobornar, que nos dejarían pasar por ser el cliente 1.000.000,... pero después de comentar algo a una compañera, la azafata se giró y nos dijo: "Tenéis 50 minutos para ir al centro, que os renueven el DNI y volver antes de que cierre la facturación". Era imposible, pero mientras hubiera algo a lo que agarrase...

Salimos disparados a por un taxi y nos dirijimos al centro de Zaragoza. Eran las 10:30 de la mañana así que el tráfico no era muy favorable y los semáforos en rojo se sucedían. Después de unos 25 minutos llegamos al destino, y mientras un fotomatón inmortalizaba las prisas personificadas, yo comprobaba la enoooooorme cola que había para renovar el carnet. Las cuentas no daban.

Explicamos nuestra situación a la gente para ver si no les importaba dejarnos pasar, y después de alguna negativa accedieron. Todavía queda gente buena en el mundo.

Después de 10 interminables minutos salimos corriendo y nos montamos en el taxi, que estaba esperándonos fuera. El taxista, consciente de nuestra situación, se marcó un auténtico minirally de 12 kilómetros, con algún adelantamiento de quitar el hipo, hasta llegar al aeropuerto.

Al entrar, la facturación llevaba cerrada unos 5 minutos... pero accedieron a meter nuestras maletas, y pudimos así, empezar nuestro viaje.