05 abril 2008

La gran manzana (I)

"Son muchas las manzanas que tiene el árbol del éxito, pero Nueva York es la Gran Manzana". Eso decían los músicos de jazz allá por los años 30, cuando tocar en el Harlem elegante de aquel entonces estaba sólo al alcance de los mejores. Mucho ha llovido desde entonces, pero Nueva York sigue teniendo algo especial que atrae a millones de personas al año, así que nos dejamos llevar y volamos hacia la ciudad que nunca duerme, como decía Sinatra.

Nada más aterrizar en el aeropuerto de Newark (New Jersey), nos dirijimos a Manhattan inmersos en un espeso tráfico, lo que nos facilita el primer contacto visual con la arquitectura neoyorquina: impresionante. No obstante, la impaciencia empieza a hacerse latente, apenas queda una hora para que empiece el partido y ni siquiera hemos llegado al hotel.

8ª con la 44, por fin. Sin tiempo para recolocar las vértebras en su sitio de tanto mirar aquí y allá, hacemos el check in y preguntamos por las entradas: nada. Insistimos: nada. Pasan los minutos, que parece que nunca habían corrido tanto, y cuando ya pensábamos que las entradas estarían con el señor Wilson en alguna isla paradisíaca... ahí están! Parece que los de FedEx son más efectivos que en las películas. Sin tiempo que perder salimos a la calle. No estamos lejos, pero ya somos víctimas del ritmo que imponen las calles y la adrenalina se encarga del resto. Taxi!

En apenas dos minutos el taxi se detiene, el taxista nos señala un edificio, y con acento con sabor a kebab concluye: 'Madison Square Garden'. Espectacular por fuera... y más por dentro. Nos dirijimos a nuestras localidades con una cena supersize entre manos y a disfrutar! Las 2000 banderas americanas que hemos visto desde que aterrizamos se quedan pequeñas cuando un coro canta el himno nacional ante la mirada orgullosa del público puesto en pie. Patriotismo, espectáculo... y victoria de los Knicks, comandado por un gran Jamal Crawford y un increíble Nate Robinson. I love this game.

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